Religion y Dioses
Religión y dioses del Antiguo Egipto
Como se ha señalado, la religión formaba para de todos los aspectos de la vida de los egipcios. Estos adoraban a una serie de dioses que controlaban todos los elementos de la naturaleza. De esta forma, buena parte del hecho religioso consistía en honrar a esos dioses para que la vida de los fieles mejorara.
El faraón era como un ser divino y tenía la responsabilidad de realizar rituales y dar ofrendas a las divinidades para que estás fueran favorables a su pueblo. Por ello, el Estado destinaba grandes recursos a la práctica religiosa, y a construir templos. El pueblo llano utilizaba las oraciones para rogar a los dioses que les concedieran sus dones. Igualmente, era común usar la magia para ello.
Aparte de la influencia de los dioses en su vida diaria, los egipcios prestaban mucha atención a la muerte. Los rituales funerarios para preparar el paso al más allá formaban una parte fundamental de la religión egipcia.
Todos los habitantes del país, en mayor o menor medida, dependiendo de sus riquezas, depositaban ofrendas o ajuares en sus tumbas.
- Dioses. La religión egipcia era politeísta y su panteón llegó a tener hasta 2.000 dioses. En este aspecto, los expertos señalan que era una sociedad muy tolerante. La política estaba íntimamente relacionada con la religión, hasta el punto de que la importancia de cada dios dependía mucho del gobernante en cada momento. Como ejemplo, cuando Hierápolis fue la ciudad principal, el dios predominante era Ra. Sin embargo, cuando la capital se encontraba en Menfis, la deidad principal fue Ptah. Después de la VI dinastía, se produjo un debilitamiento temporal del poder monárquico, algo que provocó que algunas divinidades locales ganaran importancia. Entre estas se encontraba Osiris, un dios relacionado con la resurrección. De acuerdo a sus creencias, Osiris fue asesinado por Seth, su hermano y, más tarde, resucitado gracias a la intervención de su esposa y hermana Isis. Ya en el Imperio medio, otro dios cobró una gran importancia: Amón. Este había aparecido en Tebas, en Alto Egipto, y fue relacionado enseguida con Ra, del Bajo Egipto. Esta identificación entre ambos dioses ayudó a que se produjera la unificación cultural del país.
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Los dioses Seth (izquierda) y Horus (derecha) adorando a Ramsés II en el pequeño templo de Abu Simbel, en el extremo sur de Egipto. (Wikimedia) |
- Atón. La llegada de Akenatón al poder, sobre el 1353 a.C., tuvo una gran repercusión en la práctica religiosa egipcia. El llamado faraón hereje pretendió imponer el monoteísmo en el país y que sus habitantes adoraran a Atón como única deidad. Akenatón ordenó que no se construyeran templos a otros dioses en todo Egipto e, incluso, mandó borrar los nombres de las deidades de los edificios. Algunos expertos, no obstante, mantienen que el faraón sí permitió que se adorara a otros dioses de manera privada. El intento de Akenatón fue un fracaso. Con la oposición de la casta sacerdotal y sin que el pueblo aceptara ese nuevo sistema de creencias, el culto a Atón como único dios desapareció prácticamente con la muerte del faraón.
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Aton |
- El faraón como figura religiosa. No existe un consenso total entre los egiptólogos acerca de si el faraón era considerado un dios en sí mismo. Muchos opinan que su autoridad absoluta era vista por sus súbditos como una fuerza divina. Para esta corriente historiográfica, el faraón era considerado como un ser humano, pero dotado de un poder equivalente al de un dios. En lo que sí coinciden todos los estudiosos era en el importante papel que jugaba el monarca en el aspecto religioso. Ejercía de intermediario entre las divinidades y el pueblo egipcio. Existieron, no obstante, muchos templos en los que se adoraba directamente a algún faraón. Como se señaló, la política y la religión estaban íntimamente relacionadas. En este sentido, el faraón era asociado a algunos dioses concretos, como a Horus, representante del propio poder real. Horus, además, era hijo de Ra, dios que tenía el poder de regular la naturaleza. Esto se asociaba directamente con las funciones del faraón, encargado de gobernar y regular la sociedad. Ya en el Imperio nuevo, el faraón pasó a relacionarse con Amón, dios supremo del cosmos. Cuando el monarca fallecía pasaba a identificarse totalmente con Ra, además de con Osiris, dios de la muerte y la resurrección.
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Faraon Tutankamón |
- La muerte. La muerte y lo que sucedía tras ella tenía una gran importancia en las creencias de los antiguos egipcios. Según su religión, cada ser humano poseía una especie de fuerza vital, que llamaban ka. Al fallecer, había que seguir alimentando al ka, y por eso se depositaban alimentos como ofrendas en los enterramientos. Además del ka, cada individuo también estaba dotado de un ba, compuesto por las características espirituales de cada persona. Este ba continuaba dentro del cuerpo tras la muerte, a menos que se realizaran los rituales adecuados para liberarlo. Una vez logrado esto, el ka y el ba se reunían. En un primer momento, los egipcios pensaban que solo el faraón tenía un ba y, por lo tanto, era el único que podía fundirse con los dioses. El resto, tras morir, iban a un reino de oscuridad, caracterizado como lo opuesto a la vida. Más adelante, las creencias cambiaron y se pensaba que los faraones fallecidos habitaban en el cielo, entre las estrellas. Durante el Imperio antiguo se produjo un nuevo cambio. A partir de entonces empezó a asociarse al faraón con la figura de Ra y con Osiris.
- El juicio final. Cuando el Imperio antiguo estaba terminando, sobre el 2181 a.C., la religión egipcia pasó a considerar que todos los individuos poseían un ba y, por lo tanto, podían disfrutar de un lugar paradisíaco tras la muerte. A partir del Imperio nuevo, este tipo de creencia se desarrolló y los sacerdotes explicaron todo el proceso que sucedía tras la muerte. Al fallecer, el alma de cada persona debía superar una serie de peligros, conocidos como el Duat. Una vez superados, tenía lugar el juicio final. En este, los dioses comprobaban si la vida del fallecido lo hacía merecedor de un más allá positivo.
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El Aaru y la Duat |

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